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VIVENCIAS Y ANÉCDOTAS PDF Print E-mail

 

De mi periodo como gimnasta podría contar mil anécdotas, desde las 6 hasta los 18 años da tiempo a mucho…y si a eso le añadimos los 13 años que llevo siendo entrenadora no terminaría nunca. Pero sí que puedo contaros algunas que para mí son las más bonitas y significativas, y qué he aprendido de cada una de ellas:

 


Mi familia

 

Mi hermana Patricia, otra gimnasta más en casa, ella no podía ser menos y  cuando me vió en casa haciendo volteretas, el spagat y demás ejercicios también quiso apuntarse a Gimnasia Rítmica. El día que teníamos exhibición y competición mi madre tenía que multiplicarse en mamá, peluquera, maquilladora y costurera y mi padre, Pepe, en papá, fotógrafo, cámara y chófer. La Gimnasia Rítmica no es solo un deporte que vas al gimnasio a practicarlo, la gimnasia rítmica se convierte en una actividad familiar, se forma un equipo en el que todos participan dando la oportunidad de vivir experiencias juntos y estableciendo lazos afectivos más fuertes entre padres e hijos.



Mis amigas

 

Mis compañeras eran y son mis amigas. Con ellas he compartido muchas horas, pero no solo de entrenamiento, también estaban las  fiestas de pijama, los fines de semana que íbamos a algún pueblo a competir, los “campeonatos” que organizábamos a mi casa o en la calle, las cintas que nos fabricábamos con un lápiz y un lazo para el pelo, los encuentros en casa de alguna de nosotras para ver videos de gimnasia que nos sabíamos de memoria, las sesiones de maquillaje y el diseño de mallas…la lista sería inmensa.  Todo esto te lleva a valorar la importancia del trabajo en equipo, del compañerismo, de saber reconocer las diferencias pero respetarlas, y de ayudar y dejar que te ayuden cuando lo necesitas.

La cultura del esfuerzo

 

Era mejor o peor gimnasta pero yo siempre me veía vencedora porque aprendí a reconocer que el éxito no era la medalla, si no haber recorrido el camino que te llevaba a poder lograrla. El esfuerzo diario y el superarme día a día aunque fuera con pasitos muy cortos, era mi objetivo y mayor motivación.  Esos valores que aprendí desde muy chiquitita me han ayudado mucho en mi vida adulta, durante mi etapa como estudiante en la universidad y después en mi etapa profesional. Primero, a marcarte unos objetivos en la vida y después, a luchar con uñas y dientes para conseguirlos.

Mis alumnas

 

Llevo 13 años de mi vida formando a niñas y niños en el deporte de la gimnasia rítmica. Os podéis imaginar la cantidad de gimnastas a las que he tenido el privilegio de enseñar.  Pues ellas también me han enseñado a mí mucho sobre la vida. Me han enseñado que los adultos a veces nos preocupamos demasiado con cosas complicadas, cuando la vida en realidad se compone de piezas simples. Es por ello que ahora sé que ante un problema la mejor solución es la más simple. Por otro lado, considero que esta es la experiencia más gratificante que he podido experimentar en todos los aspectos de mi vida, y lo vais a entender sin necesidad de explicar el por qué, solo contándoos algunas de mis vivencias con mis alumnas:

- Al finalizar la clase: “ Seño, un beso! Adios!

- Viene una alumna muy sonriente corriendo y me dice: “¡Seño, mira! ¡Ya me sale la plancha!

- Pides una voluntaria para hacer un ejercicio y ves 30 manitas alzadas gritando: ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!

- Una alumna que te cuenta: “Seño, cuando sea grande quiero ser entrenadora como tú”

Creo que esta es la mejor manera de acabar este relato sobre la que ha supuesto para mi la Gimnasia rítmica, con mis alumnas como protagonistas ya que ellas son ahora mismo mi motivación para continuar ligada a este deporte y para trabajar duro día a día. Es por ellas, que esta historia seguirá escribiendose, y quizá dentro de unos años retomaré este relato y os seguiré contando más anecdotas y vivencias...

 


 

 


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